La Asociación para el Desarrollo Rural Integral de la comarca Campo de Belchite (ADECOBEL) trabaja en la puesta en marcha del proyecto ‘Asociaciones en red’ con el objetivo de dinamizar, revitalizar y poner en valor el tejido social del territorio con diferentes acciones como el asesoramiento gratuito, la adquisición de equipamiento compartido, la financiación de actividades o los encuentros de asociaciones.
ADECOBEL llevará a cabo este proyecto gracias a un convenio de colaboración con la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), entidad encargada de liderar el Fondo de Beneficios Comunitarios constituido a raíz del acuerdo de compra de energía a largo plazo firmado entre Zelestra y Microsoft para el desarrollo de los parques solares Escatrón II y Fuendetodos II. El fondo toma el nombre de Redolada y también llegará a otras iniciativas y territorios.
ADECOBEL potenciará el tejido asociativo comarcal a través de cuatro líneas de actuación: un servicio gratuito de asesoramiento para crear, reactivar, asesorar y ayudar a entidades en cuestiones administrativas; la creación de una red de asociaciones enfocada en interconectar colectivos, optimizar actividades, ceder equipamiento y organizar un gran Encuentro de Asociaciones de Mujeres; la puesta en marcha de un espacio de co-creación para proyectos supramunicipales; y la puesta en marcha de dos convocatorias de ayudas financieras a las asociaciones para realizar actividades.
El presupuesto total para este proyecto asciende a 50.000 euros, que se invertirán hasta finales de 2027.
INVERSIÓN EN EL IES BENJAMÍN JARNÉS
Con el fondo Redolada ECODES no sólo va a impulsar el proyecto asociativo de ADECOBEL. A su vez, el fondo llevará la metodología europea Euronet 50/50 a dos nuevos centros educativos: el IES Benjamín Jarnés de Belchite y el CEIP San Javier de Escatrón.
En cada uno de ellos, se llevarán a cabo diversas actividades didácticas y participativas para co-crear planes de mejora de eficiencia energética, confort y adaptación al cambio climático, un enfoque que adquiere cada vez mayor importancia en un contexto de olas de calor recurrentes que amenazan la salud y rendimiento escolar del alumnado.
Como resultado de este sistema, los beneficios económicos derivados de la reducción del consumo energético se compartirán entre los usuarios del centro y la entidad responsable del pago de las facturas. Así, el 50% del ahorro generado se pondrá a disposición de la comunidad educativa, que decidirá de forma participativa su destino: nuevas medidas de eficiencia, adaptación de espacios frente al cambio climático o apoyo a familias del entorno en situación de pobreza energética. A ello se sumará el aporte adicional del fondo para implementar medidas de adaptación, ya sea en los centros o en los patios de recreo. El modelo forma además a alumnado como asesores energéticos, que trasladan lo aprendido a sus propias familias y vecinos.